El Curso de Exorcismo en El Vaticano

Provengo de una familia católica marcada por lo cotidiano, misas, silencios, gestos y rituales que se repetían una y otra vez, sin necesidad de ser explicados. Crecí en un ambiente donde la fe no se discutía demasiado, simplemente estaba ahí, como una estructura invisible que ordenaba el mundo. Dentro de ese entorno hubo siempre sacerdotes cercanos. Uno de ellos, en particular, era casi un miembro más de la familia. No hablaba con solemnidad exagerada ni con afán de imponer creencias. Era, más bien, un hombre sobrio, medido, poco dado a la exageración. Por eso lo que me contó se me quedó grabado.No lo dijo como quien revela un secreto,lo mencionó de manera casual. 

En el Vaticano ,me dijo, existe un curso formal de exorcismo. Se imparte cada año en Roma. Asisten sacerdotes de distintas partes del mundo. Es parte de una formación institucional avalada por el propio Vaticano.El Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (APRA) es una institución universitaria eclesiástica internacional con sede en Roma, erigida por la Santa Sede. Su misión es formar líderes católicos y evangelizar la cultura, con un énfasis constante en la armonía entre fe y razón.Ofrece estudios en Teología, Filosofía, Bioética y Ciencias Religiosas: disciplinas que, en teoría, existen para ordenar lo invisible con palabras, para poner límites, para distinguir lo espiritual de lo psicológico, lo humano de lo que solo parece humano.

Dentro de ese mismo marco universitario con aulas, temarios, docentes y asistentes, se imparte también el curso sobre el ministerio del exorcismo y la oración de liberación. No como folclor, no como nota curiosa, sino como formación formal. Ese es el detalle que no me dejo tranquilo: que una institución construida para armonizar fe y razón mantenga, al mismo tiempo, una puerta abierta para lo que no termina de encajar en ninguna de las dos.

 Recuerdo haberme quedado en silencio. Algo en esa información no me cuadraba, me desconcertó.No puedo negar que sí fue interesante el saberlo, pero me quedaban dudas de lo que realmente podría ser aquello que solía ser un programa dentro de esta institución. No está dirigido a curiosos ni a fieles impresionables. Participan sacerdotes, pero también médicos, psicólogos y especialistas en salud mental.

Eso fue lo que más me intrigó porque más de una exaltación de lo sobrenatural, se trata de discernimiento. Lo interesante es que este curso insiste, primero, en descartar enfermedades psiquiátricas, trastornos neurológicos, sugestión, trauma e histeria colectiva. El exorcismo no aparece como punto de partida, sino como última instancia, cuando todas las explicaciones racionales han sido agotadas. Y ahí surge una pregunta que no tiene respuesta cómoda:

¿Qué tipo de experiencia humana obliga a una institución milenaria a conservar este conocimiento y enseñarlo todavía?

La cultura popular ha convertido el exorcismo en espectáculo. Pero lo que ocurre aquí es lo contrario, burocracia, método, protocolos. Una estructura que no busca demostrar la existencia del mal, sino contener aquello que no logra clasificar. El hecho de que exista un curso así no prueba nada en términos metafísicos, pero sí confirma algo más inquietante: que hay fenómenos que se repiten, que hay relatos que no desaparecen y que hay experiencias que, generación tras generación, que se siguen presentando sin definir algo dentro de una lógica.

Cuando pienso en ese sacerdote tan cercano, tan poco proclive al dramatismo, entiendo por qué esa conversación me marcó. No me habló de posesiones ni de batallas espirituales. Me habló de preparación. De cautela, de no precipitar juicios. Y, sin embargo, el mensaje implícito era claro,Hay cosas que no se nombran a la ligera pero que tampoco se ignoran del todo. Quizás el verdadero peso de este curso no está en lo que afirma, sino su existencia, una señal de que hay puertas que la Iglesia prefiere no clausurar del todo.Mientras exista, significa que hay experiencias humanas que siguen desbordando tanto a la fe como a la razón. Y tal vez, en ese espacio ambiguo, ni milagro ni patología, es donde nacen las historias que más incomodan. Aquellas que no buscan convencer, solo dejar constancia de que algo ocurre y que aún no sabemos cómo llamarlo.

Para quien quiera conocer más, dejo un enlace a la información oficial de la institución universitaria donde se imparte este curso, tal como es presentada por la propia Iglesia. No como prueba de nada, sino como registro de que este tema, lejos de desaparecer, sigue siendo estudiado de manera formal.


https://www.upra.org/es/corsi/programma/curso-sobre-el-ministerio-del-exorcismo-y-la-oracion-de-liberacion/

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