Soy lector constante, y mi gusto por la lectura comenzó cuando me mudé a San Diego. El cambio fue drástico, venía de Tijuana, una ciudad con más acción, más amigos, más actividades; y de pronto me encontré en un ambiente más calmado, más silencioso, en un barrio donde los adolescentes parecían reunirse únicamente en la escuela. En esos días de aburrimiento, la lectura se volvió un escaparate.
Esa afición tomó forma en la secundaria de National City, a la que asistía entonces. Mi maestra de inglés era fanática de los clásicos, y recuerdo con claridad cuando nos presentó el mito de Perséfone. Fue mi puerta de entrada a la literatura griega, aunque, en realidad, esos mitos no eran completamente nuevos para mí. De niño, mi padre me llevaba al cine y lo acompañaba a películas que, sin saberlo, iban marcando una pauta. Una de las que más me impactó fue Clash of the Titans (Furia de Titanes), la historia de Perseo, el caballo alado que vuela llamado Pegaso, y la Medusa capaz de convertir a los hombres en piedra. Ahí comenzó una inclinación que después se volvió camino.
Me adentré en los clásicos griegos y empecé a notar algo que se repetía, relatos llenos de símbolos, giros extraños y fuerzas difíciles de explicar desde lo cotidiano. Con el tiempo, conforme aumentaba mi criterio como lector, me fui topando con nombres y figuras que abrían más puertas: Apolo, Circe, Tiresias… un universo fascinante, denso, y por momentos oscuro, que hasta hoy me deja con la intriga encendida. Más que curiosidad, es la búsqueda constante de entender el ser humano y esa “magia de la vida” que las épocas antiguas supieron narrar con una potencia que todavía nos alcanza.
Una lectura te lleva a la otra. La consecuencia fue que algunos libros me condujeron a literatura de diferentes épocas, con distintas vertientes. Ahí fue cuando me di cuenta de mi tendencia. Por supuesto que dentro de la lectura disfruto del romance, la ficción, las aventuras, las fábulas, etcétera… pero mi inclinación fue hacia el misterio. Cuando llegué, por consecuencia, a los escritos de Lovecraft, Edgar Allan Poe, Alejo Carpentier, Goethe, Oscar Wilde y otros, mi panorama cambió. Supe que estos autores, aunque algunos se apoyen en la ciencia ficción o en recursos imaginativos, estaban tocando un territorio que se sentía cercano a lo desconocido, a lo inexplicable dentro de la realidad. Y también entendí algo más. Eso que muchos llamarían “sobrenatural”, para mí no iba por ahí. Más bien es lo contrario, lo natural de la existencia, aquello que sigue ahí aunque no sepamos nombrarlo del todo. Estos autores no intentan “explicarlo”; lo rodean, lo sugieren, lo intuyen… y en esa intuición se asoma una parte real dentro de nuestro mundo, de nuestras vidas.
En adelante, este espacio será una bitácora de esa búsqueda. Aquí voy a compartir lecturas, referencias y hallazgos; también ideas, escenas y procesos de escritura. No para dictar verdades, sino para seguir el hilo de lo que inquieta, de lo que se sugiere, de lo que no termina de explicarse.Por eso escribo. Y por eso abro este blog, para dejar registro de las lecturas que me formaron, de las historias que se me quedaron dentro y de las preguntas que siguen apareciendo. Si tú también has sentido que ciertos relatos no se olvidan, quédate por aquí. Tal vez no encontremos una respuesta única, pero a veces una historia no resuelve el enigma, lo vuelve más nítido y nos deja una forma más clara de mirar.